Eclesiastés 11:5 El misterio de la obra de Dios

Eclesiastés 11:5 — El misterio de la obra de Dios
«Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoraras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas».
🌿 Salomón nombra dos grandes misterios de su tiempo: el viento — impredecible, invisible y poderoso — y la formación de una nueva vida en el vientre materno. En sus días, nadie podía explicarlos. El mensaje del rey es claro: así de inexplicable es la obra de Dios.
Ante esto, el sabio rey se inclina humildemente y reconoce su ignorancia. No entendemos cómo actúa el Señor; no vemos los hilos con los que teje su voluntad ni comprendemos sus motivos. Nos cuesta asimilar por qué permite ciertas cosas y detiene otras, por qué algunas semillas germinan y otras no, o el motivo por el cual algunos enferman y mueren jóvenes y otros ancianos. Definitivamente, la obra de Dios supera nuestra capacidad de comprensión.
Y, sin embargo —y esto es crucial—, este versículo no conduce a Salomón a concluir que «todo es vanidad», como repite en otros pasajes de Eclesiastés. Al contrario, la limitación humana produce en él asombro, admiración y reverencia. Quien reconoce con fe humilde que no comprende la obra de Dios, lejos de dudar o caer en la desesperación, se maravilla.
La fe madura no necesita explicaciones para confiar y seguir creyendo. Es capaz de caminar en la oscuridad de lo incomprensible porque conoce a Aquel que lo sostiene todo. Como nos recuerda Hebreos 11:1: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». La fe no es la certeza de ver el panorama completo; es la certeza de ser guiados por Quien lo ve todo.
El apóstol Pablo también quedó maravillado por este misterio divino. A lo largo de su vida de servicio, experimentó una entrega absoluta a Dios que estuvo profundamente entrelazada con un gran sufrimiento. Lo experimentó en su propia carne. ¿Podemos llegar a comprenderlo? Aun así, el dolor no lo llevó a dudar, sino a exclamar con adoración:
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Romanos 11:33 — «¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!»
Todo lo que hace el Señor es perfecto; a menudo misterioso, pero siempre maravilloso. Quizás a veces intentemos contender con Él, como hizo Job, y exigirle explicaciones. Pero si lo hacemos, Él nos recordará nuestra pequeñez preguntándonos: «¿Dónde estabas tú…?». Ante su soberanía, solo nos quedará caer postrados y reconocer que sus caminos son más altos que los nuestros.
Ahora mismo no alcanzamos a dimensionar la magnitud de su obra. Sin embargo, al final de la historia, le daremos gloria por cada uno de sus diseños. Ya no harán falta las explicaciones; simplemente nos uniremos a la voz celestial para exclamar:
📖 «Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos» (Apocalipsis 15:3)
RMC


