Eclesiastés 11:3 – Fe en medio de lo inevitable

Cuando las nubes se llenan y los árboles caen

Fe en medio de lo inevitable


«Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramarán; y si el árbol cayere al sur, o al norte, en el lugar donde el árbol cayere, allí quedará». 

— Eclesiastés 11:3

Dos imágenes de la naturaleza que apuntan a la misma verdad: hay cosas que siguen un curso inevitable. Las nubes llenas de agua lloverán y no las puedes detener. El árbol caído queda donde cae y no puedes cambiar su posición a posteriori. La naturaleza simplemente obedece sus propias leyes.

El Predicador no dice esto para infundir fatalismo, sino para curar una ilusión muy humana: la de creer que podemos controlarlo todo si nos preparamos lo suficiente. Hay fuerzas y circunstancias que escapan por completo a nuestras manos. La lluvia cae, los árboles se derrumban, los planes cambian, las personas se enferman y mueren. ¡Hay tanto que no podemos prever ni entender, y, sin embargo, sucede!

«Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová»

— Isaías 55:8

Para el cristiano, reconocer esta realidad es, al mismo tiempo, un acto de humildad y de fe.

  • Humildad, porque dejamos atrás la obsesión de controlarlo todo. Aceptamos que no todo depende de nosotros. Como nos recuerda Santiago 4:13–14:
  • «¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad… cuando no sabéis lo que será mañana».

  • Fe, porque entregamos a Dios lo que no podemos gobernar. Esto no es pasividad; es una plena confianza en el Soberano que sí controla los vientos y las nubes, y que dispone cada circunstancia de nuestra vida para nuestro bien.
«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien..

— Romanos 8:28

Ante las vicisitudes de la vida, siempre habrá dos opciones fáciles: una es la queja. Aunque es una reacción natural, no produce ningún fruto. Otra es la resignación. Créeme, tampoco ayuda. Pero, hay una opción mejor: La fe en Dios. Fe en medio de lo inevitable. Por eso, entrégale al Señor hoy ese «árbol caído» que sigues intentando mover o que te resistes a aceptar. Pon en sus manos las «nubes cargadas de agua» de tu vida y confía Él. Pídele con un corazón humilde que te dé la gracia de vivir, caminar con Él y experimentar su paz, precisamente en medio de esa situación. El Señor es rico para los que reconocen su señorío y le invocan.

                                                                                                                                                                                                                       RMC