Eclesiastés 10:1 — La pequeña locura que arruina el buen perfume

Eclesiastés 10 — Andar con Sabiduría en lo Cotidiano

Introducción

El domingo pasado vimos que el Señor nos ha librado de nuestra vana manera de vivir para que andemos en santidad (1 Pedro 1:13–18). Pedro nos exhorta a ceñir los lomos de nuestro entendimiento, a ser sobrios, hijos obedientes, a no conformarnos a los deseos de nuestra antigua ignorancia y a ser santos en toda nuestra manera de vivir (1 P. 1:13-15). Nuestro vivir cotidiano importa para alcanzar la salvación preparada para ser manifestada en el tiempo postrero (1 P. 1:5; 2 P. 1:11).

Eclesiastés 10 es precisamente un capítulo de vida práctica. Nos llama a andar de manera sabia y no necia, tal como lo expresa Efesios 5:15–17:

  • «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor».

El capítulo ofrece muchos contrastes: el sabio frente al necio, la calma frente a la reacción impulsiva, la diligencia frente a la pereza, la palabra de gracia y edificante, frente a las necias y destructoras. (Ver tabla comparativa del sabio y el necio de Eduardo)

El pasaje parece continuar el argumento del último versículo del capítulo anterior: «un pecador destruye mucho bien» — o «un solo error destruye mucho bien». El versículo 1 ilustra esta realidad de una manera muy gráfica.

Eclesiastés 10:1 — La pequeña locura que arruina el buen perfume

«Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura (insensatez/necedad), al que es estimado como sabio y honorable».

Un solo acto insensato puede destruir un testimonio forjado durante muchos años. El Predicador elige una imagen cotidiana: el perfumista trabaja con esmero, prepara un ungüento precioso, y una pequeña mosca muerta lo echa a perder todo. No se necesita un gran desastre para arruinar lo bueno — basta una pequeña necedad. Muchas veces es en lo pequeño donde se libra la verdadera batalla.

El perfume puede representar una vida de fe, oración, servicio y consagración al Señor —el Gran Maestro Perfumista—, quien obra en nuestras vidas todas sus preciosas virtudes. En contraposición, la «mosca muerta» es el poder corruptor de ese pecado «menor» que se alberga sin ser confrontado: un desliz que minimizamos, una mentira «piadosa» que se disculpa, una palabra fuera de lugar, un rencor no tratado o un hábito impío que se justifica. Quizás hiciste un solo clic donde no debiste mirar y, de repente, tu conciencia se llena de un olor putrefacto y todo el aroma de tu testimonio se corrompe. Todo esto contamina el frasco y ensucia el perfume del testimonio cristiano. Estas son las «moscas» enviadas por Satanás (Belcebú, el señor de las moscas) para contaminar nuestro olor fragante para Dios.

No es algo insignificante. Como dice Pablo:

  • Gálatas 5:9 — «Un poco de levadura leuda toda la masa».

Nuestro andar diario es muy importante para Dios. Eclesiastés 10 nos enseña que la sabiduría no solo se manifiesta en las grandes decisiones, sino también en los pequeños detalles aparentemente insignificantes. Asimismo, nos advierte que la necedad, aunque parezca pequeña, puede producir grandes daños.

La pregunta es: ¿Qué pequeña mosca muerta estoy tolerando en mi corazón? ¿Hay alguna «mosca muerta» en nuestra vida —algo aparentemente pequeño— que esté corrompiendo la fragancia de nuestro testimonio y de nuestra vida de fe ante Dios y ante las personas que nos rodean?

Cómo pensamos, cómo hablamos, cómo reaccionamos, cómo trabajamos… todo afecta a nuestra vida delante de Dios. Nuestro Señor vivió una vida que agradaba al Padre en todo y que desprendía el olor de una vida santa. Pablo nos anima a vivir y andar conforme a ese modelo de vida:

  • «Andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante(Ef. 5:2).

Pedro también nos exhorta a que nuestra manera de vivir sea santa, y a que nos conduzcamos con temor todos los días de nuestra peregrinación.

Esto no es algo que conseguimos por el esfuerzo humano, sino por la gracia de nuestro Señor, el Maestro perfumista, obrando en nosotros cuando acudimos a Él continuamente y permitimos que Su unción nos guíe en cada paso de nuestra vida.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                               RMC